Hace más de un millón de años, en el Pleistoceno de la era Cuaternaria, cuando el hombre iniciaba su andadura por la Tierra, las frías aguas del arroyo de Valporquero empezaron a colarse a través de los poros, fisuras y grietas de la roca caliza disolviendo sus entrañas lenta y tenazmente. Se abrió el corazón de la montaña leonesa para descubrirnos ahora las ocultas e increíbles maravillas subterráneas.
Dimensiones inesperadas y volúmenes descomunales van abriendo un sendero repleto de luces y sobras permitiéndonos admirar miles de estalactitas, estalagmitas, coladas y columnas de diferentes brillos y colores, que se suceden a lo largo de las salas visitables.
Después de un breve recorrido por el túnel de acceso, excavado en la roca de la montaña, se accede a la Boca de la Cueva, que ya nos avanza las espectaculares dimensiones de la Cavidad. Escondida en un hermoso y diminuto valle ciego, se abre la puerta al mundo subterráneo. Por la espectacular boca de cueva discurren las frías y cristalinas aguas del arroyo de Valporquero, que nos acompañan durante parte de la visita turística.
La primera parada, bienvenida y explicación suceden aquí, en el umbral del desconocido y maravilloso mundo subterráneo.

