Seguros: con la verdad por delante

Uno de los factores clave en el contrato de seguro es la correcta evaluación del riesgo, ya que con base en ella, la aseguradora aceptará o no celebrar el contrato, o lo hará en unas condiciones o en otras, introduciendo más o menos limitaciones y exclusiones y exigiendo, con arreglo a todo ello, una prima mayor o menor. Una persona que practica deportes extremos corre un riesgo mucho mayor de sufrir un accidente que una persona sedentaria, y su compañía de seguros valorará esta cuestión al hacerle un seguro de accidentes, cobrando a la primera, con toda seguridad, una prima muy superior.

Debido a ello, es casi inevitable la tentación de “maquillar” un poco los datos facilitados a la aseguradora al hacer la póliza, con el fin de que la prima a pagar se reduzca. Si yo afirmo que no soy fumador, cuando en realidad cae un paquete de cigarrillos al día, o que la valoración del contenido de mi vivienda es de 3.000 €, cuando en realidad es de 6.000 €, seguramente conseguiré que la prima de mi seguro de vida o la de mi seguro de hogar no sean tan elevadas. Pero, ¿es una buena idea? Como vamos a ver, la respuesta es un no rotundo.

En un seguro de vida, o en uno de asistencia sanitaria, la contratación pasa siempre por un cuestionario previo de salud. Si en ese cuestionario el tomador (quien contrata el seguro) falsea la información facilitada, llegado el caso, la compañía puede rechazar el pago de la indemnización, o negar la prestación sanitaria. En estos casos, el matiz consiste en la diferencia entre mentir sobre los antecedentes médicos, que legitimaría la negativa de la aseguradora a atender la prestación, o sencillamente, no informar de algo sobre lo que no se le preguntó, que sería perfectamente legítimo. Es decir, el que quiere suscribir la póliza está obligado a responder verazmente a lo que se le pregunte, nada más (y nada menos.)

En el caso de los seguros de daños, como un seguro de hogar, declarar un valor de los bienes que aseguramos por debajo del valor real, lo que se denomina infraseguro, supone, como ya se ha dicho, pagar una prima menor. ¿Pero qué ocurre cuando se produce el siniestro? Si el perito determina que en nuestra póliza hemos valorado nuestros bienes por debajo de lo debido, la aseguradora aplicará lo que se llama la “regla proporcional”: si he asegurado los muebles de mi casa, por ejemplo, por la mitad de su valor real, la indemnización se reducirá en la misma proporción, es decir, a la mitad.

La existencia de infraseguro y la aplicación de la regla proporcional no exigen que haya mala fe por parte del tomador o asegurado. “Yo no tenía intención de engañar a mi compañía, pero aseguré mi casa hace quince años, y desde entonces he comprado nuevos y mejores muebles, electrodomésticos más modernos, ordenadores y tabletas, algunas joyas, me han regalado un par de modestas obras de arte… ¿Qué podía hacer?”

La respuesta es clara: actualizar la suma asegurada. No se trata de cambiar los términos de la póliza cada vez que compramos algo, pero sí de revisar, cada cuatro o cinco años, y siempre que hagamos una nueva póliza, la valoración de nuestros bienes, y comunicar a la compañía cualquier modificación sustancial que se haya producido.

Así pues, procuremos responder con veracidad a las preguntas que la compañía nos haga, y valorar de manera ajustada los bienes asegurados. Si no lo hacemos, veremos cómo las indemnizaciones a recibir en caso de siniestro se ven mermadas, o incluso se quedan en nada.