LA CABRERA. Cuadernos de arquitectura



5. RECOMENDACIONES EN LA REHABILITACIÓN


5.2. Muros, forjados y cubiertas


Corredor rehabilitado. Truchas

Se recomienda la recuperación urgente de las cubiertas de paja, correspondientes a edificios auxiliares, para lo que será imprescindible realizar una decidida acción pública, que permita recuperar su técnica constructiva, a través de alguna operación piloto seleccionada. Será preciso para ello la previsión del correspondiente cultivo del centeno a fin de poder disponer de material suficiente en su reposición. Desde luego para evitar la pérdida definitiva de las estructuras de madera de estas cubiertas, con organización diferenciada de las de losa, mientras no se extienda dicha recuperación sería recomendable la protección de aquellas cubiertas vegetales parcialmente hundidas con cubierta onduladas superpuestas, como solución temporal.

Las cimentaciones normalmente no suelen ofrecer problemas en la arquitectura popular comarcal, al ayudarse abundantemente de asientos rocosos, aunque deban revisarse para comprobar su situación, especialmente si se detectan fisuraciones desde su base.

Una revisión ajustada de las deficiencias observadas en los elementos estructurales, puede ofrecer datos significativos sobre los problemas básicos que puede presentar aquella arquitectura, aunque, como hemos señalado, los movimientos y aparición de fisuras pueden deberse a la compactación o mal funcionamiento de más de una parte o elemento del edificio. Un buen y sistemático mapeado de los daños sobre la correspondiente planimetría debe ser un instrumento de inmejorable ayuda, junto con una detallada planimetría que haya sido objeto de un adecuado levantamiento planimétrico. Esta tarea aparece como previa y necesaria para la redacción del correspondiente proyecto de rehabilitación, siendo buena señal que el propio arquitecto redactor del proyecto la realice, pues le permitirá conocer mejor el edificio.



5.3. El espacio interior


En el aprovechamiento del espacio interior y al disponer los nuevos usos, en especial las habitaciones y zonas de estancia, téngase en cuenta la importancia de la orientación de las mismas. Una adecuada orientación nos ayudará en la búsqueda de unas mejoras condiciones de habitabilidad e iluminación, además de significativos ahorros térmicos. En la latitud y clima de la comarca las mejores orientaciones para estancias habituales son el mediodía y en menor medida el naciente y seguidamente el poniente, mientras la septentrional no es aconsejable. La orientación sur permite en el invierno que los rayos del sol penetren profundamente en las estancias, al ser relativamente horizontales, mientras que en la estación de calor, el verano, son muy verticales. Al contrario la orientación septentrional no tendrá el sol en invierno y apenas en verano, siendo los rayos muy horizontales, siendo esta junto con el noroeste las orientaciones más propensas a ser afectadas por los temporales y el agua.

La anterior distribución de la casa, si se trata del edificio a rehabilitar, nos dará una indicación basada en una experiencia prolongada, que no debe ser desdeñada así como en el conjunto de su organización, que puede ser aprovechable en la rehabilitación que se va a realizar.

Habrá que atender además al propio interés específico de los espacios internos preexistentes, determinando cuáles aspectos de su organización son significativos. En tal sentido la cocina puede ser un espacio que disponga de una organización o elementos fijos de interés, que merezcan ser conservados. Sus alacenas, campana y mobiliario tradicionales son elementos que se recomienda sean conservados, así como hornos o almacenes anejos, al ser el lugar simbólicamente más importante de la casa. Estos elementos pueden combinarse con otros modernos, sin que tengan que ser necesariamente eliminados o transformados radicalmente. Desde luego la antigua chimenea con su campana y el resto de los elementos anejos pueden aportar una imagen atractiva, además de servir como elemento calefactor.

La incorporación de baños y aseos es habitualmente una de las actuaciones a realizar en la rehabilitación, recomendándose su agrupación tanto vertical como horizontal, si es funcionalmente posible, junto con otros lugares que puedan disponer de puntos húmedos, como la cocina, a fin de evitar el excesivo desarrollo de las redes de agua y saneamiento, tanto por el ahorro que ello supone en rozas y excavaciones y la propia instalación, como para evitar y controlar los daños por humedad que sus fallos y escapes pueden tener en los forjados de madera.

Un problema que existe en muchas construcciones antiguas es la posible presencia de humedades en las partes bajas de los muros de planta baja, que se pueden extender a los suelos. Son humedades de capilaridad, absorbiendo los muros la humedad del terreno, aunque el carácter pétreo de las fábricas comarcales lo minimizan. Si la humedad es muy intensa hay que pensar en que pueden existir penetraciones, procedentes de corrientes subterráneas de agua, o incluso en algún momento puede proceder de pérdidas de las redes públicas de agua y saneamiento. La presencia de humedades importantes se pueden atacar con un sistema de drenaje que pueda atajar las posibles aguas subterráneas, conectado a la red de saneamiento, y dispuesto de forma adosada a las fábricas que presentan las humedades.

30