LA CABRERA. Cuadernos de arquitectura



5. RECOMENDACIONES EN LA REHABILITACIÓN


5.3. El espacio interior


El roble es la madera normalmente usada aquí en las piezas de estructura, junto a otras variedades de arbolado de ribera de menor calidad. Antes de proceder al derribo o desmontaje de las estructuras de madera, consulte siempre a un técnico experto, pues existen métodos de recuperación y refuerzo de las piezas de madera con sistemas mixtos de madera, metálicos y de resinas, como los que hemos hecho puntualmente referencia con anterioridad. La madera es el material básico en la rehabilitación en las estructuras horizontales de forjados y cubiertas, siendo claramente competitiva a nivel de costo económico con otros materiales, aportando al dejarse vista un valor añadido a los espacios internos rehabilitados, generando ambientes cálidos.

Los forjados de madera tradicionales, cuyo entrevigado está compuesto por un entablado simple, se pueden mejorar en sus condiciones acústicas, doblándolo con otro entablado con colocación ortogonal al existente, introduciendo entre ambos la consiguiente capa de aislamiento térmico-acústico, se quiere evitar la transmisión de sonido a través de la tabla del forjado. Si son espacios de la misma vivienda un buen entablado machihembrado, de generoso grueso, es una solución sencilla y económica para un relleno del forjado de madera. Otra solución si se quiere insonorizar el forjado, es añadir sobre el entablado una lámina de plástico anti-impacto y sobre ella se puede asentar una capa de compresión aligerada sobre la que se asiente el solado definitivo.

Los solados para rehabilitación en el nivel inferior pueden variar, desde los cerámicos tipo gres, plaquetas de barro o terracota, aunque no habituales en la comarca pueden adecuarse a la arquitectura, pudiéndose emplear en estancias superiores de tipo húmedo, a los solados de piedra, en enlosados de pizarra regular o irregular, empleados estos últimos en la comarca. Los suelos de madera, el propio entablado del forjado, entarimados, parqués, etc., pueden ser una adecuada alternativa para las estancias habitables.

Se encuentran, en ejemplares de principios del siglo XX, suelos de baldosas hidráulicas de colores con dibujos diversos, cuya ejecución es de gran calidad. Se recomienda su preservación por su durabilidad e incluso hoy se han vuelto a fabricar estando de nuevo en el mercado con un alto precio. Normalmente lo que falla en dichos solados es el mortero o la base de asiento, por lo que se levantan, pudiendo recuperarse la práctica totalidad de las piezas, Si faltan piezas siempre se pueden combinar incorporando líneas de borde o bandas separadoras, solución que era muy frecuente en estos suelos, incluso con otro tipo de material moderno que se combine con su color.

Si existieran suelos de piedra, en forma de enlosados en el nivel inferior, acceso o en el hogar de la cocina, se debería proceder a su conservación, dado que son los de carácter más duradero y antiguo. Y si hay que proceder a su levantado, compruébese su disposición original pues las piezas de forma irregular han sido ajustadas cuidadosamente, para facilitar la posterior reposición, si su estado de conservación las hace recuperables. Ello es claramente recomendable al emplear normalmente piezas de notable entidad, pudiéndose combinar con nuevos materiales adecuados en el resto de la estancia.

Corredor rehabilitado. Villar del Monte

Si no existe o se tiene necesidad de levantar el suelo de la planta baja, aprovéchese para dotarlo de un aislante térmico bajo él. Si no existe la posible solera o asiento, o también hay que levantarla, aproveche para colocar bajo ella una lámina plástica que evite las humedades, pudiendo rebajarse algo más para introducir una capa de grava o encachado bajo ella. Además puede pensarse en alojar aprovechando el vaciado un suelo radiante como sistema calefactor alojado bajo el mismo.

En tal sentido ya hemos indicado la necesidad de aislar los muros de fachada delgados, de menos de 30 cm., como los entramados de madera de cuerpos volados abiertos a estancias interiores, colocando aislamiento térmico, que si realiza por su cara interior, puede dotarse de tabique interior, si existiera espacio, o sino se debería utilizar paneles rígidos que permitan ser enyesados y pintados. También se debe aprovechar para colocar aislamiento térmico en la cubierta, bien si se levantan las losas, sobre el propio faldón de cubierta, o bien por debajo si ello no se produce, especialmente si se quiere convertir en espacio utilizable el bajo cubierta. En este último caso se puede adaptar al faldón entre las vigas o sobre el falso techo si existe. Recuérdese que una solución no infrecuente es el empleo de una falso techo de lamas de madera que puede precisamente ocultar aquél. Esta dotación general de aislamiento térmico mejorará el confort interno del edificio evitando pérdidas y trasmisiones caloríficas, con el consiguiente ahorro energético, proporcionando mayor calor en invierno y frescor en verano.

Al introducir las nuevas instalaciones, si no se quieren realizar rozas en muros y tabiques, éstas se pueden colocar en superficie usando para ello canalizaciones en forma de regletas que las integren y oculten, disponiéndose en las partes bajas de los muros a modo de zócalos, donde se disimulan y adaptan, obligando no obstante a una adecuada planificación de las mismas para minimizar su presencia.

Recuperar las carpinterías interiores antiguas y originales del edificio, que aunque con limitados tratamientos suelen ser de factura generosa. Especial atención a los cercos que a menudo en su generoso tamaño tienen papeles estructurales o de rigidizador de los tabiques o muros interiores. Hay que tener en cuenta que si necesitan reparación pueden ser tratadas con tintes y ceras para entonar las partes nuevas incorporadas, lo que permite disimular las piezas a ser restauradas, aunque hoy la pasta de madera y los injertos pueden realizarse con enorme precisión, si la carpintería tiene la madera vista, pudiendo también estar pintadas. Evítese en la madera vista los barnices brillantes, manteniendo los tratamientos de coloración y obscurecimiento protectores que presentan aquellos. Existen productos específicos para lograr la entonación de la nueva madera, así como en la restauración de la antigua. También se recomienda mantener los herrajes de colgar y de cierre originales, en coordinación con la carpintería. Si los mismos no cierran bien, por alabeo de alguna de sus piezas, consulte con el carpintero, pues el ajuste del cerco o un nuevo cerco, junto al repaso de las hojas, pueden corregir dicho defecto. Se recomienda conservar aquellos elementos y mobiliario fijo y móvil significativo del edificio, tanto de carácter modesto y popular, como los históricos, pues son parte de las señas de identidad de su organización interior, destacando en la casa los anaqueles, alacenas, mesas, escaños, arcas, coladeras, etc., incorporándolos finalmente al utillaje de la casa rehabilitada.

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