LA CABRERA. Cuadernos de arquitectura



6. RECOMENDACIONES SOBRE OBRAS DE NUEVA PLANTA


Nueva casa con material pétreo industrial. Iruela

Nueva casa, volumen y materiales inadecuados. Pozos

La nueva edificación, en todo caso, debe buscar su integración en el lugar específico de ubicación y de modo concreto contando con las características básicas formales de la arquitectura popular local, de las cuales hemos dado cuenta con anterioridad, así como de las del núcleo concreto de acogida, si existiera alguna especificidad local.

En su ubicación se recomienda de modo general que se ajuste al perímetro de sus núcleos o cascos consolidados. Este aspecto de dónde se puede construir, es decir cuál es el suelo urbano, es un tema de competencia municipal que debería incluirse en la correspondiente figura de planeamiento municipal local. Esta recomendación de acomodarse a las estructuras urbanísticas existentes va dirigida a evitar que se ocupen suelos agrarios, mientras no se haya ajustado plenamente la capacidad de edificación de lo ya existente, todo ello en la dirección de recuperar y reutilizar el patrimonio edificado existente en los cascos correspondientes.

La nueva arquitectura residencial deberá hacerse inspirándose en las formas constructivas de la arquitectura popular comarcal, sin que se produzca una mera copia, a modo de recuerdo de esta arquitectura, como falsificación folklórica. Se trata de crear una casa actual que enlace con aquellas formas y donde se reconozca su modernidad, pero una modernidad integrada y que aporte la continuación evolutiva de la arquitectura popular local. Así se pueden incorporar organizaciones simplificadas, desarrollando anteriores modelos populares, sin necesidad de que se confundan con ellos, o incluso incorporando elementos de un carácter moderno que puede incluso contrastar de modo controlado en aquella.

La organización básica de la casa, en los casos de los núcleos locales, es la vivienda organizada en forma de agrupaciones elementales, bien adosadas, en pequeñas hileras o pegada en esquina, bien integradas en pequeñas manzanas con algún patio o corral anejo o incluso, en casos singulares, articulador de su organización, o llegando a disponerse aislada en su parcela con frente al espacio público de la calle. Se debe mantener, en todo caso, en la imagen exterior de la casa, la estructura parcelaria antigua, aún cuando se unan varias parcelas, bien como mera señal de división en una fachada continua, bien incluso diferenciándose en distintos cuerpos o señalándose en la diferente altura del alero o cornisa, soluciones que son empleados habitualmente en las casas tradicionales para marcar cuerpos auxiliares. Cabe señalar que la vivienda en el modelo tradicional es la casa unifamiliar, normalmente desarrollada en dos alturas, agrupándose a ella cuerpos y edificios complementarios. En ocasiones singulares puede presentar un cierto desarrollo, donde se podía incluir en el programa espacios para los sirvientes, llegando en algunos modelos del primer tercio de siglo a presentar tres niveles verticales, fundamentalmente al aprovechar el fuerte desnivel del terreno, creando un semisótano inferior.

Museo. Encinedo

Como contraste con estas organizaciones aparecen en algunos núcleos, normalmente los más importantes como Truchas o La Baña o incluso en otros menores como Castronihojo, edificios de viviendas de tipo colectivo, a modo de bloques de vivienda, este tipo claramente urbano se adapta mal a las tipologías rurales, llegando a tener cuatro alturas, aprovechando con unos enormes buhardillones el espacio de la cubierta. Incluso vemos aparecer viviendas unifamiliares con tres alturas o incluso superando dicha altura, asemejándose en su gran volumen a los bloques, en ejemplos de lugares como Nogar, Odollo, Quintanilla de Losada o Trabazos, contrastando con el abandono de los modelos populares. Estas edificaciones parecen tanto integradas en los cascos, sustituyendo anteriores edificaciones, como ocupando nuevos suelos, que son normalmente los de menor pendiente en las zonas bajas de praderías y antiguas huertas, como en La Baña.

Debe evitarse la proliferación de viviendas unifamiliares aisladas, tipo chalets, que también comienzan a parecer en algunos lugares, y las posibles tiras de viviendas unifamiliares en hilera o en vivienda adosada, donde se repite sistemáticamente el mismo modelo, a modo de colmena repetitiva, que todavía hoy queda ausente en al comarca. El primer tipo debería realmente ajustarse a la tipología de vivienda aislada tradicional, que ofrece y conforma con su cuerpo principal el espacio público, mientras se preserva el espacio libre trasero como espacio de jardín y huerta libre. El segundo modelo en el hipotético caso de aparecer debería disponerse del mismo modo que las agrupaciones tradicionales, en pequeñas unidades o manzanas, donde la variedad parcelaria y la disposición diferenciada de cada vivienda le dota de variedad y complejidad, evitando ese tipo suburbano anodino que está teniendo un desarrollo amplio en multitud de lugares.

En todo caso la nueva arquitectura conservará la misma altura de la edificación de la agrupación o espacio donde se inserte y, si existen diferencias, ajustándola a las edificaciones a las que se adosa o las vecinas o las más próximas, debiendo acomodarse a la altura de las cornisas o aleros. Debería prohibirse alturas superiores a tres plantas, y si existe el tercer nivel lo debe ser en función del ajuste al relieve del terreno, no superando en los puntos más elevados las dos alturas, ni tampoco poder elevar la pendiente de la cubierta para convertir el espacio superior en habitable. Si existieran medianerías vistas deberán tener similar tratamiento a las fachadas, a fin de integrar adecuadamente la arquitectura, evitando los grandes planos ciegos encalados que aparecen en estas edificaciones.

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