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El ILC reivindica la creación inconformista, cruda y ácida de Serafín Palombi con una impactante exposición en la Sala Provincia

viernes 25 de septiembre de 2026

La muestra recuerda y reivindica el legado de este artista nacido en Argentina pero vinculado a la comarca de los Oteros por raíces familiares y por vecindad, fallecido demasiado prematuramente, y acerca al espectador su personalidad libérrima y toda una serie de obras de gran intensidad en las que no falta la crítica social, política y religiosa

Argentino de nacimiento pero intensamente vinculado a las tierras leonesas de los Oteros por orígenes familiares, vecindad y querencia, la obra de Serafín Palombi (1958-1999) se exhibe en toda su crudeza y espectacularidad en la Sala Provincia del Instituto Leonés de Cultura, donde mañana sábado, 26 de septiembre, a las 12.00 horas, el Departamento de Arte y Exposiciones del organismo autónomo de la Diputación inaugura la muestra ‘Serafín Palombi. La tensión dramática como creación’.       

Una exposición que supone una recuperación y puesta en valor de uno de los artistas más radicales, críticos, crípticos, destacados y significativos de la década de los ochenta y noventa, tanto en León como en toda la comunidad. Creador plástico multidisciplinar, cartelista, muralista, escritor, poeta y diseñador de interiores y de moda que, por desgracia, desapareció muy joven y cayó en el olvido de los críticos y estudiosos del arte contemporáneo leonés exceptuando el caso de Jesús Palmero, que lo incluyó en la muestra ‘Tráfico de Arte: galería, ciudad y periferia”, realizada en el Musac entre 2020 y 2021 en recuerdo de la actividad realizada por esta galería leonesa donde Palombi presentó, en 1992, la muestra ‘Laberintos Interiores’.

La presente exhibición cuenta con cierto carácter retrospectivo -aunque su trayectoria, a causa de su temprano fallecimiento con solo cuarenta y un años, no fue excesivamente amplia- e incluso reconstructivo, en el sentido de que recupera piezas que en realidad estaban destinadas a desaparecer o a ser destruidas y que, gracias a su vecino, amigo y destacado artista plástico Alejandro Sáenz de Miera, y a Julio Sandoval Lozano, se han podido recuperar y restaurar, salvando así la memoria creativa de este singular creador.

Serafín Santiago Palombi Martínez nació el 5 de diciembre de 1958 en Buenos Aires, en el célebre barrio de La Boca, de padres emigrantes. Su madre se llamaba Carolina Martínez y era originaria de la pequeña localidad leonesa de Matadeón de los Oteros, mientras que su padre, Serafín Palombi, era de origen italiano. La familia viaja en 1964 a España y se instala en Matadeón; allí, Serafín estudiará sus primeros cursos en la escuela del pueblo.

Tras unos años en el medio rural leonés, la familia decide trasladarse en Madrid, donde el joven Serafín Palombi comienza sus estudios en el colegio Valdeluz de los Agustinos. Después estudia Químicas en la Universidad Complutense y posteriormente se interesa por los estudios de Bellas Artes formándose en Madrid en el Taller de Artes Imaginarias (el TAI, que había nacido en 1973 como un “taller de artistas para artistas”) con Miguel Peña y Manuel Franquelo, y más tarde con Cristóbal Gabarrón. En 1978, y hastiado de Madrid, se traslada a vivir de nuevo a Matadeón de los Oteros, espacio familiar donde encuentra su inspiración creativa asumiendo aspectos que tiene que ver con el territorio, y allí permanece hasta 1992. En ese periodo intensifica su actividad artística y cuenta con una casa estudio y taller, realiza múltiples exposiciones entre 1978 y 1992, y participa en proyectos corales, consiguiendo también diversos premios. A principios de los ochenta, Serafín Palombi presenta a Rafael Arrabal, artista, a su amigo y también creador plástico Carlos Felices, con los cuales creó TRIGONO-58, colectivo de tres artistas que habían nacido en el mismo año, 1958. A todos les unirá una intensa relación, y juntos expondrán en diferentes lugares como la galería vallisoletana Creativo de Artes en 1986; también en la Escuela de Artes y Oficios de esa ciudad en 1986, y en 1987 en la Biblioteca Pública de León, donde ofrecen una singular performance consistente en realizar en directo una obra de gran formato a tres manos en la propia sala.

En esas dos muestras finales afrontaban trabajos conjuntos con grandes pinturas realizadas entre los tres, pero también protagonizaron intervenciones de Body-Art e investigaron en áreas más conceptuales del arte de acción. El colectivo ya había alcanzado un alto nivel de intervención de acción creativa integral, llegando a un punto de tensión máximo con la intervención realizada en 1988 en la sala de exposiciones de la Diputación de León, Almacenes Culturales Pallarés, un espacio creativo entonces emblemático para el norte de España. En esa ocasión plantearon una intervención radical por medio de varias instalaciones radicales y audaces que acabaron con un gran enfrentamiento con la dirección de la sala y con la prensa, escandalizando a la institución y a la opinión pública, según palabras del propio Palombi. El colectivo no duró muchos años, pero las colaboraciones entre Rafael y Carlos seguirían frecuentemente. De hecho, después de esa época, a Palombi le fue concedida una importante beca y la posibilidad de exponer en Nueva York, pero por diferentes motivos no pudo aceptarla.

Finalmente, ante la situación de no poder vivir de la creación plástica, la abandona para dedicarse al diseño creando su propia marca de ropa, TOP-7, abriendo una tienda en Valladolid. Falleció en el Hospital Río Hortega de esa ciudad, el 14 de junio de 1999, y está enterrado en Matadeón de los Oteros.

Su trayectoria plástica se inicia con una influencia clara del surrealismo, tal y como se puede apreciar en una serie de dibujos de los años ochenta relacionados con el mundo daliniano, cuestión interesante puesto que esa misma vertiente se puede observar en las obras de primera época de artistas leoneses como Karlos Viuda o Félix de Agüero. Posteriormente, su obra se impregnará de un cierto informalismo e incluso del territorio del expresionismo abstracto, pero está claro que el grupo emblemático El Paso supuso para Palombi un espacio de investigación de enorme interés. Al mismo tiempo, parte de la revisión de algunos espacios del informalismo español como elemento sustancial o sustrato de su obra, baste con citar la incorporación de materiales que no son propiamente pictóricos caso de maderas, cuerdas, mallas metálicas, cartones y múltiples elementos; también se incorpora la ruptura de espacios y apertura de fondos, generando secuencias espaciales dentro de la obra por diferentes planos incorporando la tridimensionalidad. Al mismo tiempo, generan espacios combinados con relieves o la incorporación de materiales industriales u objetuales no pictóricos, como monedas, crucifijos o ropa.

La complejidad de la obra de Palombi nos aproxima a un territorio plástico de experimentación pura, libre y de gran intensidad creativa, que articula de forma fantástica el mundo religioso como un sustrato esencial, con la tensión y el sufrimiento humano inherente a su crítica social y política, junto con la espiritualidad y el mundo esotérico. Todo ello partiendo del personal empleo del lenguaje pop y del arte póvera conjugado con la reivindicación de lo rural y de la ecología. Una obra autónoma, independiente, dramática y tensa que en ciertas ocasiones llega a ser desgarradora y sufriente, clara expresión del sentir íntimo del artista en cada momento.

‘Serafín Palombi. La tensión dramática como creación’ podrá verse en la Sala Provincia del Edificio Fierro, sede del Instituto Leonés de Cultura (calle Puerta de la Reina, 1, León), hasta el 14 de noviembre, con entrada gratuita y de acuerdo con el siguiente horario: de martes a viernes de 17.00 a 20.00, sábados de 11.00 a 14.00 y de 17.00 a 20.00, domingos y festivos de 11.00 a 14.00. Las visitas guiadas pueden solicitarse en el 987 262423.